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La desigualdad nunca es una sola cosa

Por qué una mirada interseccional cambia cómo las universidades ven —y abordan— la exclusión.

Para: ProfesoradoAdministración y personalEquipo directivo

Cuando una universidad se pregunta si trata a las personas con justicia, suele recurrir a un único número: cuántas mujeres se gradúan, cuántas ocupan cargos de liderazgo, cuántas denuncias se presentaron. Útil, pero parcial.

El término interseccionalidad, acuñado por Kimberlé Crenshaw, nombra algo que casi todas intuimos: la discriminación rara vez llega de una etiqueta a la vez. Una estudiante migrante de primera generación que además es mujer no vive el “género” y el “origen” en cajas separadas. Se solapan y, a veces, se multiplican.

Por eso Labs 4 Change no busca una causa y un arreglo. Observamos cómo se suman los espacios, el lenguaje, los materiales, los roles y los protocolos, y para quién se suman de forma distinta. Un cartel, un programa, la señalética de un baño, quién habla en clase: cada cosa es pequeña y, juntas, le dicen a alguien si pertenece o no.

El cambio no es medir más. Es medir con las personas más cercanas a la experiencia, y tratar la igualdad como algo integrado en la práctica cotidiana, no como un informe que se archiva una vez al año.